jueves, 7 de diciembre de 2006

La adicción a la nicotina

6.La adicción a la nicotina

La nicotina es un compuesto incoloro y aceitoso, es la droga que existe en
los cigarrillos y es la que produce la adicción en el fumador. Es la droga adictiva
más rápida conocida por la ciencia, y a veces un solo cigarrillo es suficiente para
engancharte.

Cada calada de un cigarrillo lleva al cerebro, a través de los pulmones, una
pequeña dosis de nicotina que actúa más rápidamente que la dosis de heroína
que se inyecta en la vena un heroinómano.


Si sacas veinte caladas de cada cigarrillo, un solo cigarrillo te proporciona
veinte dosis.

La nicotina es una droga de actuación rápida, y el nivel de nicotina en la
sangre disminuye aproximadamente a la mitad a los treinta minutos de apagarse
el cigarrillo, y a la cuarta parte después de una hora
. Esto explica, por qué la
mayoría de los fumadores consume unos veinte cigarrillos diarios.
En cuanto el fumador apaga el cigarrillo, la nicotina empieza rápidamente a
ser expulsada del cuerpo y el fumador empieza a sentir las molestias de la
privación de la droga: el mono.

Llegados a este punto, me veo obligado a destruir otro concepto falso, muy
extendido entre los fumadores, acerca de las molestias causadas por la retirada
de la droga. El fumador cree que el mono es el terrible trauma que padece cada
vez que trata de dejar de fumar o cuando lo tiene que dejar por obligación. En
realidad dicha ansiedad es solamente psicológica
. Se debe a que el fumador se
siente privado de su placer o apoyo. Daré más explicaciones más adelante.
En realidad, las molestias producidas por la retirada de la nicotina son tan
leves que la mayoría de los fumadores viven y mueren sin darse cuenta de que
son drogadictos
. Cuando utilizamos el término adicto a la nicotina creemos que
sólo significa que hemos cogido el hábito. A la mayoría de los fumadores les
horrorizan las drogas; sin embargo, eso es exactamente lo que son: drogadictos.
Afortunadamente, es una droga fácil de dejar, pero primero tienes que aceptar el
hecho de que eres adicto.


Las molestias causadas por la retirada de la nicotina no suponen ningún
dolor físico. Es solamente una sensación de vacío, de desasosiego, de que falta
algo, lo cual explica por qué muchos fumadores creen que tiene algo que ver
con la sensación de no saber qué hacer con las manos. Si se prolonga este
estado, el fumador se vuelve nervioso, inseguro, intranquilo; le falta confianza y
se irrita con facilidad. Es una especie de hambre, no por la comida, sino por un
veneno: LA NICOTINA.


A los siete segundos de encenderse un nuevo cigarrillo, el cuerpo recibe
una nueva dosis, y la molestia acaba, lo que resulta es una sensación de relax y
confianza que el cigarrillo proporciona al fumador.


Al principio, cuando empezamos a fumar, la sensación de ansiedad y su
alivio son tan leves que ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. Cuando
empezamos a fumar con regularidad creemos que es porque nos ha llegado a
gustar, o simplemente que hemos cogido el hábito. La verdad es que ya
estamos enganchados; no nos damos cuenta, pero el pequeño monstruo de la
nicotina se ha instalado en nuestras tripas y hay que darle de comer de forma
regular.


Todos los fumadores empezamos a fumar por razones tontas; nadie está
obligado a hacerlo. La única razón por la cual seguimos fumando, fumemos
mucho o poco, es para alimentar a este monstruo.


Todo lo relacionado con el fumar es una serie de enigmas. Todos los
fumadores saben, en el fondo de su corazón, que están haciendo el primo y que
algo malvado les ha atrapado. Sin embargo, estoy convencido de que lo más
trágico del fumar es que la sensación de disfrute que el fumador recibe del
cigarrillo no es ni más ni menos que el placer de intentar volver al estado de paz,
tranquilidad y confianza en el que vivía su cuerpo antes de engancharse.
Tienes esa misma sensación cuando la alarma antirrobos de tu vecino
lleva todo el día sonando, o cualquier otra molestia trivial, y de repente el ruido
cesa; entonces experimentas una sensación maravillosa de paz y tranquilidad.
En realidad no es paz; es el acabar con la molestia.


Antes de enrollarnos en la cadena de la nicotina, nuestros cuerpos están
completos. Luego introducimos la nicotina en el cuerpo a la fuerza y cada vez
que apagamos un cigarrillo y la nicotina empieza a eliminarse, sentimos la
ansiedad, el mono. No hay ningún dolor físico, es simplemente una sensación
de vacío. Ni siquiera nos damos cuenta de su existencia, pero es como un grifo
que gotea dentro del cuerpo. Nuestra mente racional no lo entiende, ni falta que
le hace. Lo único que sabemos es que queremos otro cigarrillo, y cuando lo
encendemos desaparece la ansiedad. Por el momento estamos otra vez
contentos y seguros de nosotros mismos, como lo estábamos antes de
convertirnos en adictos. Pero esta satisfacción no dura mucho, porque para
aliviar la sensación de vacío, tienes que meter más nicotina en el cuerpo. En
cuanto apagas ese cigarrillo, la ansiedad empieza de nuevo, y así sigue la
cadena. Es una cadena para toda la vida... A MENOS QUE LA ROMPAS.
En realidad, todo esto de fumar es como llevar zapatos demasiado
estrechos con el único fin de poder sentir un placer cuando te los quitas. Existen
tres razones principales que impiden que los fumadores lo vean así:


1. No hay ningún dolor físico identificable. Es sólo una sensación.
2. Ocurre al revés. Por eso resulta difícil quitarse de cualquier droga. Sólo
cuando no fumas, sufres la sensación; por tanto, no le echas la culpa
al cigarrillo. Cuando enciendes uno te alivia, entonces has estado
engañándote al creer que el cigarrillo te proporciona algún tipo de
placer o apoyo moral.
3. El masivo lavado de cerebro al que estamos sometidos desde el
nacimiento. Aunque nuestras vidas estuviesen completas antes de
empezar a fumar, no nos sorprende descubrir que, una vez que hemos
aprendido a fumarlos, los cigarrillos sí nos ayudan y sí son un placer,
¿Para qué cuestionarlo? Ahora formamos parte de los fumadores
felices.


Aquí convendría quizás destruir algunos conceptos falsos en cuanto al
fumar. No es ningún hábito; el hábito ni siquiera existe. Tenemos toda clase de
hábitos durante nuestra vida, y algunos de ellos dan mucho placer. Un hábito
que, lejos de ser placentero, es de un sabor repugnante, nos mata, nos cuesta
una fortuna, que consideramos sucio y repulsivo, y del cual nos gustaría
liberarnos a toda costa, debería ser absurdamente fácil de romper. ¿Por qué lo
encontramos tan difícil entonces? La respuesta es que no es un hábito, sino
adicción a una droga. Primero tenemos que hacer un esfuerzo para
engancharnos a la droga. Al poco tiempo no sólo compramos cigarrillos con
regularidad, sino que también llegan a ser imprescindibles. Cuando no podemos
tenerlos, entramos en un estado de pánico, y conforme pasa el tiempo
tenderemos a fumar más y más.


Esto ocurre, como ocurre con todas las drogas que producen adicción,
porque nuestro cuerpo se va haciendo más inmune a los efectos de la nicotina y
necesitamos una dosis progresivamente más alta para sentir el mismo efecto. Al
cabo de un período de tiempo relativamente corto el cigarrillo ya no alivia
completamente el mono que crea, de forma que, cuando enciendes uno, te
encuentras mejor que hace un momento, pero estás todavía más nervioso y
menos relajado que un no-fumador y esto incluso mientras estás fumando el
cigarrillo. En la práctica, pues, es todavía más absurdo que el llevar zapatos muy
estrechos, porque con los años va quedando cada vez más dolor acumulado,
aun después de quitarte los zapatos.


Es peor aún, porque, cuando apagas el cigarrillo, la nicotina empieza a
salir rápidamente del cuerpo; esto explica por qué, en las situaciones de mucho
estrés, el fumador tiende a fumar en cadena: uno detrás de otro.
Como ya dije, el hábito ni siquiera existe. La razón por la que todos los
fumadores siguen fumando es el «monstruito de la nicotina» que tienen alojado
en las tripas. Hay que darle de comer con regularidad. El fumador es el que
decide cuándo se le da de comer, y suele ser en uno de estos cuatro tipos de
situación o en una combinación de ellos:


ABURRIMIENTO/CONCENTRACIÓN - ¡Dos estados totalmente opuestos!
ESTRÉS/RELAJACIÓN - ¡Dos estados totalmente opuestos!


¿Que droga mágica puede de repente producir un efecto opuesto al que
produjo veinte minutos antes? Piénsatelo, ¿qué otro tipo de estado existe,
aparte del dormir? La verdad es que los cigarrillos ni alivian el aburrimiento, ni el
estrés, ni promueven la concentración, ni la relajación. Todo es sólo una ilusión.
Además de ser una droga, la nicotina es un potente veneno que se utiliza
en los insecticidas (búscalo en el diccionario). La cantidad contenida en un solo
cigarrillo te mataría si te la inyectaran directamente en vena. En realidad, el
tabaco contiene muchos venenos, incluido el monóxido de carbono.
Por si estás soñando en cambiar a los puros o a una pipa, quiero dejar
claro que todo lo que digo en este libro se aplica a todas las formas del tabaco.
El cuerpo humano es el organismo más sofisticado y desarrollado que
existe en este planeta. Ninguna especie, ni siquiera las más inferiores, los
gusanos y las amebas, puede sobrevivir si no sabe distinguir entre lo que es
alimento y lo que es el veneno.


Durante un proceso de selección natural a lo largo de millones de años,
nuestra mente y nuestro cuerpo han desarrollado una serie de técnicas para
distinguir entre alimentos y venenos, y métodos sin fallos para desechar estos
últimos.


A todos los seres humanos les resultan desagradables el sabor y el olor
del humo del tabaco, hasta que nos enganchamos. Si soplas el humo a la cara
de cualquier niño o animal antes de que se enganche, toserá
incontrolablemente.


El día que fumamos aquel primer cigarrillo e intentamos tragarnos el humo,
esto nos produjo un ataque de tos, y si fumábamos mucho, nos mareábamos e
incluso llegábamos a devolver. Era nuestro cuerpo que nos decía: «ME ESTÁS
ADMINISTRANDO VENENO, ¡PARA!» Muchas veces, es en ese momento en el
que se decide si vamos a ser fumadores o no. No es cierto que son los de poca
voluntad, o los que físicamente son débiles, los que se enganchan. Los que
tienen suerte son los que encuentran repulsivo ese primero cigarrillo.
Físicamente sus pulmones no pueden con el humo, y están curados para toda la
vida. O bien, mentalmente no están dispuestos a pasar, por el duro proceso de
aprendizaje, para conseguir tragar el humo sin toser.


Para mí, esta es la parte más trágica de todo el proceso, el esfuerzo en
engancharnos; y por eso es tan difícil convencer a los adolescentes de que lo
dejen. Como todavía están aprendiendo a fumar, y como los cigarrillos todavía
les saben fatal, creen que podrán parar cuando quieran, ¿Por qué no aprenden
de nuestros errores? ¿Y por qué no aprendimos nosotros de la experiencia de
nuestros padres?

Muchos fumadores creen que les gusta el sabor o el olor del tabaco. Es
una ilusión. Lo que en realidad hacemos cuando aprendemos a fumar es
enseñar al cuerpo a que se haga inmune a los malos sabores y olores, con tal
de conseguir su dosis. Como los heroinómanos, que creen disfrutar
inyectándose, en realidad, disfrutan de aliviar el mono que la misma droga
produce.


El fumador se enseña a sí mismo a cerrar la mente ante el mal olor y sabor
del tabaco, para conseguir su dosis de droga. A cualquier fumador que cree, que
sólo fuma porque le gusta el sabor y el olor, pregúntale: «¿Si no encuentras la
marca de cigarrillo que normalmente fumas, y sólo hay una que no te gusta,
dejas de fumar?» «De ninguna manera.» Un fumador fumará cualquier
porquería, antes de prescindir de su droga, y lo mismo da liar los cigarrillos, que
cigarrillos mentolados, o puros o una pipa; al principio saben fatal, pero si te
empeñas, aprenderás a apreciarlos. El fumador tratará incluso de seguir
fumando cuando tiene un constipado, la gripe, una bronquitis o incluso un
enfisema.


El disfrutar no tiene nada que ver. Si lo tuviera, nadie fumaría más de un
cigarrillo. Hay incluso miles de ex fumadores adictos a ese chicle repulsivo con
nicotina que les recetan los médicos. Y muchos de ellos siguen fumando. En
mis sesiones, algunos fumadores se asustan cuando se dan cuenta de que son
drogadictos, y piensan que entonces será más difícil todavía dejarlo. No es así,
las noticias son buenas por dos motivos importantes:


1. La mayoría seguimos fumando porque, aun sabiendo que es peligroso
y que tiene más desventajas que ventajas, estamos convencidos de
que hay algo en el tabaco que nos gusta y que nos ayuda. Creemos
que si dejamos de fumar habrá un vacío y que algunos aspectos de
nuestra vida nunca serán como antes. Esto es una idea equivocada.
Lo cierto es que el cigarrillo no da nada; sólo quita, y luego devuelve
parcialmente para mantener esa ilusión. Explicaré esto con más detalle
en otro capítulo.


2. Aunque la nicotina es de todas las drogas la más fuerte en cuanto a la
velocidad con que te engancha, no produce una adicción fuerte.
Precisamente por ser una droga rápida, sólo tarda unas tres semanas
en eliminarse en un 99 por 100 del cuerpo. Y la ansiedad por la
retirada de la nicotina es tan suave que la mayoría de los fumadores
viven toda una vida sin darse cuenta de que la padecen.
Me preguntarás con razón por qué, entonces, muchos fumadores
encuentran tan difícil dejarlo; por qué hay fumadores que sufren meses de
auténtica tortura y que pasan el resto de su vida añorando un cigarrillo de vez en
cuando. La respuesta es la segunda razón que hace que sigamos fumando: el
lavado de cerebro. La adicción química es fácil de vencer.

La mayoría de los fumadores pasan toda la noche sin fumar; el mono ni
siquiera les despierta.

Muchos fumadores salen del dormitorio antes de encender el primer pitillo
del día: algunos desayunan primero, otros esperan hasta que llegan al trabajo.
Pueden sufrir diez horas de mono y no les importa. Pero, si tuvieran que estar
diez horas sin fumar durante el día, se volverían locos.


Hoy en día hay muchos fumadores que se compran un coche nuevo y
nunca fuman dentro de él. Muchos van a la iglesia, al teatro, al supermercado, y
no les importa no poder fumar. Ni siquiera la prohibición general en el Metro ha
provocado alguna alteración del orden público. A los fumadores casi les gusta
que algo o alguien les impida fumar.


Hoy en día muchos fumadores automáticamente se abstendrán de fumar
en casa de, o en compañía de un no-fumador, y no sufren mucho. La realidad
es que la mayoría de los fumadores pasan por períodos de tiempo relativamente
largos, en los que están sin fumar casi sin esfuerzo. Yo mismo a veces estaba
tardes enteras relajado y sin fumar, y tan contento. En mis últimos años de
fumador, incluso estaba deseando que llegasen esas tardes, para dejar de
asfixiarme. ¡Qué habito más absurdo!


Es fácil hacer frente a la adicción química, incluso cuando sigues siendo
adicto, y hay miles de adictos que nunca pasan de ser fumadores ocasionales.
Son igual de adictos que los fumadores empedernidos. Incluso existen
fumadores empedernidos que han dejado de fumar, pero de vez en cuando se
fuman un puro, y eso es suficiente para mantener su adicción.


Como digo, pues, la adicción a la nicotina no es el problema principal.
Simplemente actúa como catalizador, para mantener confundida nuestra mente
en cuanto al verdadero problema; el lavado de cerebro.


Puede servir de consuelo a los fumadores empedernidos que llevan
muchos años fumando saber que es igual de fácil para ellos dejar de fumar que
para los fumadores ocasionales. De una manera extraña, es incluso más fácil.
Cuanto más fumas, más te destruyes física y mentalmente y mayor es el
beneficio cuando lo dejas.


También puede servir de consuelo saber que los rumores que aparecen de
vez en cuando, como que «el cuerpo tarde siete años en eliminar la basura» o
«cada cigarrillo que fumas te resta doce minutos de vida», no son ciertos.
No creas que se han exagerado los efectos del fumar para la salud. Al
contrario, las cifras son bastante conservadoras, pero está claro que eso de los
«doce minutos de tu vida» no puede ser más que una estimación, y sólo es
aplicable en caso de que ya hayas contraído una de las enfermedades mortales
o si te alquitranas hasta que se te para la maquinaria.

Lo cierto es que la basura nunca es expulsada del cuerpo del todo.
Mientras existan fumadores, el humo estará en el ambiente, e incluso los nofumadores
absorben una pequeña proporción. Sin embargo, nuestro cuerpo es
una máquina increíble, que se recupera de una manera realmente sorprendente,
siempre que no tengas una enfermedad irreversible. Si dejas de fumar ahora, tu
cuerpo habrá vuelto al cabo de unas semanas casi al estado del de una persona
que nunca ha fumado.


Ya he dicho que nunca es demasiado tarde para dejar de fumar. He
ayudado a curar a muchos fumadores entre cincuenta y noventa años. Hace
poco una señora de noventa y un años acudió a mi centro, junto a su hijo de
sesenta y cinco años. Cuando le pregunté por qué había decidido dejar de
fumar, me contestó: «Para servirle de ejemplo a él.»


Cuanto más bajo te arrastra el tabaco, mejor te sientes cuando lo dejas.
Cuando yo conseguí dejarlo por fin, pasé directamente de cien cigarrillos diarios
a CERO, y el famoso mono nunca me molestó de verdad. Incluso diría que
disfruté de ello, aun durante el período de retirada de la droga.


Lo que sí hay que eliminar es el lavado de cerebro.